Atrapado en su recuerdo

No fue la llama de pasión con que se desató la mayor de sus locuras, ni la dulzura que habitaba en la mirada de sus víctimas. Tampoco fueron los chispazos de amor que trastocaban su mundo cada viernes noche, ni el intercambio de sueños esperanzados de sus encuentros fortuitos en la barra de un bar cualquiera.

A pesar de tener una vida solitaria, sin mayor compañía que una sombra a la que traicionaba entrada la noche, no se sentía solo. No al menos cuando descansaba en su sofá con la mirada fija tras la ventana mientras saboreaba su vespertina copa de ron añejo. Era su momento, único para él y sus recuerdos. El aroma nostálgico y el sabor cálido de su bebida predilecta eran su única compañía del día a día, y solo así podía transportarse, con lágrimas de melancolía, a un pasado que nunca debió desaparecer.

Capitán Quirós.